PAPEL DEL ESPIRITISMO EN EL FUTURO DEL MUNDO (nueva conferencia)

PAPEL DEL ESPIRITISMO EN EL FUTURO DEL MUNDO

 

Mercedes Cruz Reyes

El Espiritismo es el sol del espíritu, la luz del mundo. Hasta que se ha instalado en el planeta, sabemos que se han dado muchos procesos todos muy necesarios hasta quedar como luz  para iluminar a la humanidad.

Los que siguen la doctrina espirita, han de saber, que el Espiritismo no necesita de ningún espíritu en particular, porque si alguno falla, otro ocupa su lugar, que todos podemos dedicarnos a divulgar el espiritismo, a trabajar para  hacerlo más extensible, pero que una vez que ya está consolidado, lo que todos debemos hacer es servirnos de el, para avanzar para ponernos a la par de los conocimientos, que hasta hoy, se han conseguido, y estar preparados para adherirnos a  los avances que se van a operar en la Tierra.

La historia  nos revela que la idea de la inmortalidad  y de las vidas sucesivas ha sido aceptada en todos los tiempos y tuvo siempre muchos, decididos  y esclarecidos defensores.

Esto ya es algo, pero no es mucho; más no es suficiente  para sustentar  de ello ningún principio con carácter de axioma.  Los genios se anticiparon  al progreso de su siglo, y predijeron por una especie de visión profética, lo que solo encaja en la realidad, después de transcurridos muchas generaciones. Hay innumerables testimonios de esto en la cronología de todas las invenciones y descubrimientos, y esto obliga a la razón a rendir homenaje  al talento.

Más es muy fácil confundir las centellas del ingenio con los delirios de la imaginación, se explica, así, la preponderancia que adquirió la imaginación sobre la razón de nuestros antepasados de siglos atrás, y así se explica el positivismo de nuestro siglo actual,  que defiende  a toda costo la razón, no admitiendo nada, absolutamente nada, que no tenga una comprobación tan real, tan positiva como que uno + uno es dos en matemáticas. Los grandes abusos imponen absolutas continencias.

La pequeña planta  que broto en Hydesville, se convirtió en un árbol gigante, cuyo abundante follaje hoy en día se extiende por todas las naciones.

No hay ejemplo en la historia de una ciencia religiosa cuyo crecimiento haya sido tan rápido y la difusión tan generalizada, como ha sido la de esta noble doctrina. Semejante éxito  sin precedentes, es debido a la fuerza de la convicción que el hecho transporta en sí mismo.

Este siglo, en el cual se cumplieron progresos increíbles en todas las ramas de la ciencia  destacará, no en tanto, en la eras siguientes, un gran descubrimiento: la demostración experimental de la existencia del alma y de su inmortalidad.

El genio humano ha producido maravillas. Las condiciones físicas de la existencia mejoraron para más allá de las expectativas más optimistas, y  a pesar de este cambio, una profunda inquietud agita a los pueblos modernos. Es porque nuestra época  se encuentra profundamente trastornada por el agresivo  desaparecimiento  de las antiguas creencias, que con su  rancio aparato de milagros, dogmas y misterios  vacilan bajo redoblados golpes de la ciencia.

Los descubrimientos científicos realizados a partir de Galileo, modificaron singularmente nuestras concepciones  acerca del universo, ampliando los horizontes. Nuestro pequeño globo ya no es el centro del mundo, más si un modesto asteroide en la innumerable multitud de tierras del cielo; y sentimos palpitar en el infinito la vida universal de la cual queríamos poseer el monopolio.

A estos conocimientos positivos corresponde un nuevo ideal que no puede satisfacer  una vieja religión de diecinueve siglos. De este divorcio  entre la ciencia y la fe  resulta la incredulidad.  No es preciso reaccionar contra las engañosas quimeras del materialismo; demostrar que en las enseñanzas religiosas  no todo era falso; que el hombre, a través de una profunda intuición, conoció siempre su verdadera naturaleza inmortal y sintió repercutir en su conciencia el eco más o menos debilitado de los eternos principios de justicia, de caridad y de amor, que velados algunas veces, desfigurados frecuentemente, fueron, no en tanto, sus guías tutelares. La providencia envió misioneros a todas las naciones para predicar la moral eterna. Confucio, Buda, Zoroastro, Jesús, que enseñaron un doctrina semejante, aunque bajo aspectos diferentes.

Después de 140 años de Codificación Espirita es importante que los espiritistas estén preparados para comprender y tomar posición frente a las modernas conquistas del mundo.

 

Todos sabemos que:

 

“Caminando a la par del progreso, el Espiritismo jamás será superado, porque si nuevos descubrimientos le demostrasen que está en un error acerca de un punto cualquiera, él se modificara en ese punto. Si una nueva verdad se revelara, él la aceptará.”

 

Génesis, cap., .1 ítems 55. Allan Kardec.

 

El espiritismo es el puente que une la ciencia a la religión y recíprocamente, facilitando el ininterrumpido  crecimiento del conocimiento lógico sin la perdida de los valores ético morales consecuentes de ello.

 

La creencia religiosa es la única que pude conceder al hombre seguridad emocional para comprender la Causalidad absoluta  de donde todo procede.  El Espiritismo a lo largo del tiempo ha ido avanzando, sin  detenerse o alterarse ante la marcha del progreso.

 

La tenacidad de todos aquellos  que se  empeñan en la conquista del Infinito, está fundamentada en la moral de las enseñanzas de Cristo, y el Espiritismo  propicia el encuentro de la criatura con su Creador y elucida los enigmas del ser, de su evolución y de su progreso, de su pasado y de su futuro, señalando los rumbos superiores  a ser alcanzados.

 

El hombre al adoptar en los últimos tiempos  las pautas de la Doctrina Espirita ha logrado hacer desaparecer los enigmas de la fe dogmatica y ha hecho surgir aquella  que tiene por fundamento los hechos capaces  de ser encontrados en todas las épocas y pueblos  de la humanidad.

 

Al hacerse el hombre más digno, y comprender  mejor la justicia de Dios que lo orienta y conduce a la elevación moral, procurando la auto transformación para mejor auto iluminarse, se identifica cada vez más con la Fuente Generadora de la Vida.

 

La Ciencia  en los tiempos actuales  ha conseguido hacer nuevos descubrimientos, cosa que ha cimentado aun más los pilares  del Espiritismo, ya que en realidad nada se descubre que no existiese ya antes, aunque si permanecía ignorado, siendo, por tanto, una realidad constitutiva de las Leyes de Dios, que acepta como necesario  al perfeccionamiento del ser humano.

 

En 1857 fueron lanzadas las bases del Espiritismo, con la primera edición de El Libro de los Espíritus”. Desde entonces, hasta nuestros días, los reinos mineral, vegetal, animal y hominal, ha develado innumerables secretos.

 

 Con la Doctrina  Espírita llegamos al límite  del reino de los cielos, anunciado por Jesús. Elocuentemente en los tiempos actuales hablamos de ese reino a  ser conquistado. Cada día, la Ciencia humana  se lanza sobre las leyes  de la materia  descubriendo, deslumbrada, la Ley  con su poder organizador, con su presencia  en cada punto del Universo, y también, esa misma Ley, en el  progreso de las relaciones entre las personas y sus grupos. De la ciencia cuantitativa, saltamos hacia el Psicoanálisis, hacia la Sociología,  en cuanto que la Educación ilumina a las Ciencias del comportamiento y la Holística nos invita a mirar el Gran Todo. Estamos en el tiempo en que las cosas del hombre, las empresas del hombre, cambian de conceptos.

 

Criterios cualitativos nos conducen  hacia nuevos patrones de conducta, hacia una nueva  ética en las relaciones. Mientras que la Física  es cada vez más Metafísica, arrastrando consigo  a la Química y a la Biología, la existencia de Dios, la mediúmnidad, la reencarnación, dejan de ser exclusividad de las pendencias religiosas, u objeto de interminables discusiones filosóficas. El espíritu es cada vez más claro y reconocido en sus manifestaciones y atributos  en los laboratorios de  investigación, siendo cada día más, del dominio público, incorporado al conocimiento humano como lo ha sido la ley de gravedad o el teorema de Pitágoras.

 

La rápida evolución operada en el transcurso del siglo XX, se debe al esfuerzo de almas evolucionadas que encarnaron en el planeta, tales como: Edison, Einstein, Marconi, Santos Dumont, Marie Curie y muchas otras, que abrieron   camino para una serie incontable de  prolongamientos y derivaciones originalmente descubiertos.

 

Todo cuanto se proyecto en la Tierra, en líneas  generales, fue antes trazado en el ASTRAL SUPERIOR por espíritus  altamente capacitados para solucionar  las cuestiones  que se presenten. Los inventores son generalmente médiums intuitivos, de gran sensibilidad, y cuando concentrados profundamente en los problemas que los absorben, reciben  del manantial cósmico, al cual están ligados, y también de espíritus igualmente interesados en el asunto, el esclarecimiento preciso, la iluminación necesaria.

 

El inventor dispone de caudal científico  de experiencias  tomadas en el pretérito, a fin de poder contar con bases para formular  sus proposiciones.

Un grupo de almas experimentadas y ricas en conocimientos especializados, desprendidas, de naturaleza sencilla, devotas al estudio, y pertinaces, encarnaron en el siglo XX, para algún fin.

El Racionalismo Cristiano esparce sus obras, y estas llevan a cada hogar el esclarecimiento indispensable  sobre las normas de vivir, modeladas  en enseñanzas denominadas cristianas. Hay necesidad de conocer esas enseñanzas y de ponerlas en práctica, en todo instante, para que hagan parte de los hábitos comunes. 

La permuta con los círculos de acción de los Espíritus que viven desligados del envoltorio corporal, obliga a la criatura a pensar con mayor amplitud acerca de la vida. Se le revelan nuevos aspectos de la evolución y más rico material de pensamiento acrecienta sus archivos de elaboración mental y observaciones. A pesar de ello, la Doctrina Renovadora, con sus beneficios, pasa desapercibida o escasamente aprovechada por los que se inclinan a las discusiones estériles, por los que permanecen en éxtasis improductivo o por los que se arrojan a los abismos de ¡asombra, compañeros todavía ineptos para los conocimientos de orden superior, que fueron traídos a la Tierra no para defender el egoísmo o la animalidad, sino para la espiritualización de todos los seres.

 

La Tierra está pasando por un periodo crítico de crecimiento. Nuestro pequeño mundo, encerrado en concepciones mezquinas  y estrechos límites, madura para el infinito. Sus fronteras se abren en todas direcciones. Estamos a las vísperas de una Nueva Tierra y un Nuevo Cielo, según las expresiones del Apocalipsis. El Espiritismo vino para ayudar a la Tierra  en esa transición.

 

Procuremos, pues comprender nuestra responsabilidad de espiritas, en todos los sectores de la vida contemporánea. No somos espiritas por acaso, ni porque precisamos  del auxilio de los Espíritus para la solución  de nuestros problemas terrenales. Somos espiritas porque asumimos en la vida espiritual graves responsabilidades para esta hora del mundo. Ayudémonos a nosotros mismos, ampliando nuestra comprensión  del sentido  y de la Naturaleza del Espiritismo, de su importante misión en la Tierra. Y ayudemos al Espiritismo a cumplirla.

 

El mundo actual está lleno de problemas y conflictos. El crecimiento de la población, el desenvolvimiento económico, el progreso científico,  el mejoramiento técnico, y la profunda modificación de las  concepciones de la vida  y del hombre, nos colocan  ante una situación de asustadora inestabilidad. Las viejas religiones se sienten abaladas hasta lo más  hondo de sus cimientos. Amenazan con caer, al impacto del avance científico y de la propagación del escepticismo. Los escépticos  de los viejos dogmas,  los hombres se vuelcan para la fiebre de los instintos, en una inútil  tentativa de regresar a la irresponsabilidad animal.

 

El espirita no escapa a esa explosión del instinto. Más el Espiritismo no es una vieja religión  ni una concepción superada. Es una doctrina nueva, que apareció precisamente para sustentar el futuro. Sus bases no son dogmaticas, más si científicas, experimentales. Su estructura no es teológica, más si filosófica, apoyada en la lógica más rigurosa. Su finalidad religiosa  no se define por las promesas y las  amenazas de la Teológica, más si por la conciencia de la libertad humana y de la responsabilidad  espiritual de cada individuo, sujeta al control natural de la ley de causa y efecto. El espirita no tiene   el derecho de temer y acelerarse, ni de huir de sus deberes y entregarse a los instintos. Su deber es uno solo: luchar por la implantación del Reino de Dios en la Tierra.

Allan Kardec definió el Espiritismo  como la ciencia que trata la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal.

 

Es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en las relaciones que pueden establecerse con los espíritus, como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejante relación”.

 

Es así que gracias al encuentro de un conocimiento con un hombre honesto, positivo, conocedor del método científico de la investigación, con una sólida trayectoria en la docencia y un conocido prestigio como pedagogo, que el Espiritismo pasa de la fenomenología de entretenimiento al de una Doctrina Filosófica, moral, con un contenido científico y de bases universales.

 

Su estudio y conocimiento demanda tiempo, análisis, reflexión, porque no sólo es un conocimiento que se incorpora a nuestro intelecto, sino fundamentalmente a nuestro sentir, que promueve cambios en nuestra personalidad, dando lugar a toda una filosofía y estilo de vida a partir de la profundización y el análisis de la problemática del hombre y la sociedad, el móvil del progreso, los mecanismos de las Leyes Divinas y el objetivo trascendente de la existencia.

 

Se extiende entonces el Espiritismo Kardeciano como un conocimiento abierto, racional, que se nutre de las ramas del saber, evolucionista en su concepción del espíritu humano y de las leyes físicas y morales que rigen el progreso universal. Es una filosofía espiritualista que como tal toca temas ligados a los sentimientos más íntimos del ser.

 

En el transcurso de apenas algunos años, todo el paisaje del campo espirita cristiano se nos alteró, fundamentalmente.

 

Se alargaron las áreas de servicios en todas las direcciones: aumentaron las filas de compañeros  sedientos de paz y luz que requieren cooperación y socorro: Se aumentaron de manera sorprendente  los monumentos destinados a la caridad, se nos definen en las instituciones socorristas: se nos ampliaron  los instrumentos de servicio y con ellos, se agigantaron las posibilidades para el encajamiento de nuevos trabajadores: se dilatan  los recursos de acción en todos los sentidos, convocándonos al esfuerzo máximo, a fin de que no haya desequilibrio entre las dadivas de lo Alto y la justa aplicación de ellas mismas, en beneficio de la construcción doctrinaria: se nos renovaron  en el mundo los estímulos de confianza , ante la Nueva Revelación que nos muestra a Jesús en su simplicidad y grandeza: se nos elevaron los recursos de colaboración procedentes de todos los sectores de la humana experiencia, prontos a respondernos a cualquier apelo en el concurso fraternal, con los brazos generosos y abiertos: se nos multiplicaron los canales de comunicación, dándonos acceso a realizaciones más completas en lo tocante a la divulgación de nuestros principios: se nos ampliaron los horizontes y las esperanzas con la expectativa de la Tierra sedienta ante la verdad y la paz: se no abrieron más las dilatadas fajas de colaboración, en las obras culturales y asistenciales, frente a la humanidad.

 

Rejuvenecimos  los viejos símbolos; mostremos que fueron adulterados por la herrumbre de las edades, desfigurados  por los intereses terrestres; más que, en el fondo, son la misma verdad, el único camino que nos pude conducir a la felicidad.

La mayoría de la masa trabajadora se traduce por un odio siempre creciente contra la injusticia de la suerte, contra los privilegios;  y en las almas tiernas y débiles, por un disgusto de la vida, a la cual se debe el espantoso aumento de suicidas que se observa en la época actual.

Nuestra doctrina ofrece el remedio para semejantes males; es el bálsamo reparador que cicatriza todas las heridas, al mismo tiempo que nos explica el enigma de la vida. por eso mismo, precisa  el ser más conocida para que haga florecer la esperanza en los corazones dilacerados, ya que es un salvaguardia contra los terribles cataclismos de las guerras interiores.   Nuestros brillantes éxitos no deben hacernos olvidar que aun somos  una ínfima minoría, y que existen  millones de almas sujetas a todos los sufrimientos de la duda. 

Hagamos una propaganda activa para llevar al conocimiento del público las convincentes  pruebas  que demuestran la futilidad de las teorías neantistas.

Hoy poseemos armas suficientes para combatir  con la seguridad de obtener la victoria final. El pasado responde por el futuro.

El Espiritismo se desenvolvió bajo los fuegos    cruzados de las burlas, de los sarcasmos, de las injurias y de la calumnia.

Las manifestaciones espirituales fueron, en su inicio, consideradas como supersticiones, y las revelaciones de los espíritus tratadas como divagaciones. Semejantes apreciaciones  masacran todas las reformas en su base: es la incubación dolorosa, más necesaria, que da el bautismo  a los grandes movimientos  filosóficos. Las primeras etapas ya han pasado, y la situación se modificó profundamente desde hace veinticinco años atrás. En todas las partes del mundo aparecerán investigadores   científicos  que realizaron largas observaciones, minuciosas y precisas.

Los nombres de Alfred Russel Wallace e William Crookes están escritos en el panteón de la ciencia contemporánea por haber sabido conquistar  los primeros lugares en el areópago de los sabios, más su gloria será aun  más realzada por la dignidad de su carácter y la nobleza de su actitud, que los convirtió en los valientes campeones de la nueva ciencia. El brillo de estos grandes nombres debe hacernos  olvidar que, desde el inicio, el Nuevo Mundo  tenía  a sus apóstoles convencidos.

 

En síntesis, todos los talentos de la Bondad del Señor se nos acumulan ahora en las manos, en torrentes de oportunidades y trabajo, recursos diversos y potencialidades virtuales…

 

La unidad religiosa avanza gradualmente hacia el culto de la asistencia social y la oración, por encima de los templos de piedra.

 

El Emisario Sublime  afirmo: “Nuestros antepasados reverenciaban a Dios en lo alto de los montes, y ahora decís que Jerusalén es el lugar adecuado para eso, pero han llegado los tiempos en que los verdaderos religiosos adoran a Dios en Espíritu, porque Dios nuestro Padre procura a los que así lo procuran.

 

La navegación  rápida y la aviación, el teléfono y la radio, el cine y la televisión, a pesar de las regiones  de sombra espiritual que actualmente enturbian sus servicios, indican a los pueblos un solo camino- la fraternidad.

 

Una de las cuestiones más difíciles y delicadas que se han presentado en el Espiritismo desde sus propios inicios se relaciona con sus posibilidades para mantenerse actualizado frente a los avances que se producen continuamente en todas las áreas del conocimiento, y, al mismo tiempo, preservar los principios básicos que garantizan su identidad doctrinaria y constituyen la razón misma de su existencia.

 

Hoy en día la gente no conoce realmente el Espiritismo. Si preguntamos a cualquier transeúnte nos dirá que es “Eso de la Oui-ja” “Lo de llamar a los Muertos” o respuestas similares. Realmente esto es sólo una mínima parte de la realidad, el Espiritismo es el puente entre los dos planos, es el consuelo que nos hace saber que las personas a las que más queremos no van a la “Nada” sino que continúan creciendo, evolucionando, que pueden estar a nuestro lado ayudándonos y protegiéndonos e incluso vendrán a buscarnos en el momento de volver a nuestra verdadera casa que es el Plano Espiritual. Pero como bien he dicho esto es sólo una mínima parte de esta doctrina, lo más importante es que nos enseña a conocernos, a no juzgar, a ser buenas personas, a entender la vida, nos enseña a auto-reformarnos para tener una vida más feliz, este sí es el verdadero propósito.

 

El Espiritismo pese a todo lo que hemos contado ha seguido su siembra, pero sólo podrá recoger el fruto por el esfuerzo del hombre y os preguntaréis ¿Qué esfuerzo es ese? ¿Si tan bueno es, por qué los espíritus no se aparecen y hacen girar las mesas como a finales del siglo XIX? Pues como nos dicen los propios espíritus en sus comunicaciones, ellos hacen su parte del trabajo que es hacernos llegar toda la información necesaria sobre los dos planos y todas las pautas para nuestra mejora, pero el mérito ha de ser nuestro a través del esfuerzo, del más importante, el que cambiará el mundo, el que menos trabajo físico requiere y que sin embargo es el más duro de hacer “La reforma interior” “Nuestra elevación Moral”. Eso es lo que persigue, la reforma íntima de cada persona, como ya dijimos anteriormente. A lo largo de los años lo ha ido consiguiendo a través de los espíritas y de sus esfuerzos. En muchos lugares del mundo los Centros Espíritas tienen obras sociales para dar de comer y/o educar a gente pobre o necesitada en los países donde es necesario, pero no sólo ofrece “Pan para el Cuerpo” sino que da el “Pan del Espíritu”, ese que tanta falta le hace hoy a la sociedad en la que vivimos. Hoy en día nos preocupamos mucho de tener un buen chalet, un buen coche, conseguir una carrera o un buen puesto de trabajo, pero… ¿y de ser buenas personas? ¿Nos acordamos de perdonar? ¿Qué importancia tiene trabajarse el orgullo o ser humildes? Todo esto lo enseña el Espiritismo a puertas abiertas.

 

En la actualidad en nuestro país existen Centros Espíritas, algunos de los cuales forman la organización sin ánimo de lucro llamada Federación Espírita Española que fundó nuestro querido Rafael González Molina. Esta organización se ocupa de promover el estudio de las obras básicas del Espiritismo, organiza seminarios, Congresos Nacionales anuales, imparte clases por Internet a través de Chat e intenta ayudar a todo aquel que lo solicita. También existe una organización internacional llamada C.E.I. (Consejo Espírita Internacional) que se ocupa de la unión de las distintas federaciones a nivel mundial y grandes oradores y médiums como Divaldo P. Franco, Raúl Teixeira, Juan Antonio Durante, Carlos Campety etc. 

 

Aunque este año el Espiritismo cumplió 150 años no es agua pasada, es Actualidad, está ahí al alcance de todos, sus libros, sus enseñanzas, los amigos espíritas, las federaciones, sus páginas web y ¿sabéis cual es su objetivo? Hacer el bien por el bien mismo. Ningún espírita os pedirá nada a cambio, ni si quiera que creáis en lo que dicen, porque para creer o hablar de algo lo mejor es conocerlo uno mismo en profundidad, para después poder juzgar y valorar si aquello que se dice o se lee es aceptado por la razón. Allan Kardec tenía un lema “Más vale rechazar nueve verdades que aceptar una sola mentira”

 

Kardec procuro mantener actualizado el espiritismo aliándose al progreso y no dándole la espalda. Y eso es lo mismo que ya consideraron necesario pensadores de la estirpe de Léon Denis, Gabriel Delanne, Gustavo Geley, Ernesto Bozzano, Amalia Domingo Soler, Quintín López Gómez, Antonio Freire, Oliver Lodge, Cosme Mariño, Manuel Porteiro, Humberto Mariotti, Angelo Torteroli, Carlos Imbassahy, Herculano Pires, Deolindo Amorim, Soto Paz Basulto, Rosendo Matienzo Cintrón, Luis Zea Uribe, Ernesto Moog, Pedro Alvarez y Gasca, David Grossvater, Manuel Matos Romero, para mencionar solamente algunos de sus más insignes representantes en diversas épocas y naciones.

 

Actualizar el Espiritismo no implica, en forma alguna, la eliminación o la sustitución de  ninguno de sus postulados centrales. Pero significa, eso sí, revisar la manera como son entendidos e interpretados, y adecuarlos a las nuevas conquistas del Conocimiento científico. Encontramos numerosos temas y conceptos que apenas fueron insinuados en las obras kardecianas, y que requieren ser completados y desarrollados. La ciencia y sus aplicaciones tecnológicas han abierto rumbos que antes no existían y que el Espiritismo debe también incorporar. Y el lenguaje con que se comunican las ideas, con todas sus implicaciones semánticas y semiológicas, debe ser revisado, modificado y perfeccionado. Eso, que es tan obvio y elemental, y que provoca tanto escozor a los espíritas de  mentalidad conservadora y dogmática, ya lo hizo Kardec en su momento. En abril de 1857  publicó El Libro de los Espíritus conteniendo 501 preguntas y respuestas, y en 1860, dio a  conocer la que sería la segunda y definitiva edición con 1018 cuestiones. ¡Había revisado  diversas opiniones y más que duplicado el número de asuntos abordados! En 1858 publicó  Instrucción práctica sobre las manifestaciones espíritas, y después tomó la decisión de no  editar más esa obra y refundirla en El Libro de los Médiums. Tanto en sus libros como en la  Revue Spirite, Kardec reconoce, con la honestidad que le caracterizaba, que en numerosas  oportunidades se vio obligado a variar su opinión sobre ciertos temas e interpretaciones, e  invita a los espíritas a actuar siempre de ese modo para evitar que la doctrina quede  marginada del progreso en general. 

 

Para nosotros está muy claro que se debe resguardar la integridad de la doctrina y la  fidelidad a las directrices que fueron trazadas por la espiritualidad superior, y que se debe  permanecer alerta ante las “innovaciones” de extrañas procedencias que han tratado de  infiltrarla, presentándose a sí mismas como “revelaciones superiores”, y que en verdad, nada aportan de interesante o constructivo, y por el contrario, introducen ideas absurdas y  extravagantes que desacreditan a quienes las admiten.

 

La actualización del Espiritismo es un planteamiento y una actitud que se sintonizan  plenamente con la letra y con el espíritu de las enseñanzas de su ilustre Codificador. No otra  cosa haría él en estos momentos y no otra cosa nos está reclamando que hagamos. Esta  convicción nos mueve a expresar con firmeza y serenidad que la vigencia de Kardec no está  en discusión, que su pensamiento es muy actual, y que el sentido dinámico y progresista de  su obra es la mayor garantía de que siempre estará en sintonía con el progreso. En los tiempos modernos el Espiritismo es, sin duda, el revivir del Cristianismo en sus fundamentos más simples.

 

Al descorrer la cortina pesada colocada entre los dos mundos,  en los dominios vibratorios en los que se manifiesta la vida, desde la primera hora de su estructuración doctrinaria  ha merecido  el interés de la ciencia investigadora,  que procura esclavizarlo al gabinete o al laboratorio, como si fuera  un mero descubrimiento de energías ocultas de la naturaleza, como es el de la electricidad, a la que el hombre somete al propio arbitrio para ampliar sus aplicaciones en el campo del confort.

 

Interesada en el fenómeno, la especulación analiza sus componentes  creyendo encontrar, en el intercambio entre las dos esferas, nada más que respuestas a antiguos problemas  de filosofía, sin consecuencia alguna de orden moral para la experiencia humana.

 

 Sin embargo se equivocan quienes se rigen por esas normas dado que El Espiritismo al afirmar la supervivencia más allá de la muerte, contiene en sí mismo un vasto panorama  de conclusiones en el campo de la ética religiosa, impulsando al hombre a más amplias reflexiones en el campo de la justicia.

 

No consideramos  aquí a la dogmatica, la apologética, ni ninguna otra rama de escuelas de fe  en sus aspectos sectarios.

 

No nos referimos a las religiones, sino a la Religión, enfocada propiamente  como sistema de crecimiento del alma, para que llegue a la celeste comunión con el Espíritu Divino.

 

Al desplegar el paño de responsabilidades que la vida nos confiere, el nuevo movimiento de revelación lleva implícito un bendito y compulsivo desenvolvimiento mental.

 

La permuta con los círculos de acción de los espíritus que viven desligados del envoltorio carnal, obliga a la criatura a pensar  con mayor amplitud acerca de la vida.

 

Se le revelan nuevos aspectos de la evolución y más rico material de pensamiento acrecienta sus archivos de elaboración mental  y observaciones.

 

A pesar de ello, como cada recipiente guarda  el contenido de esa o aquella sustancia según la forma y la situación que le son propias, la Doctrina Renovadora, con sus beneficios, pasa desapercibida o escasamente aprovechada por los que se inclinan  a las discusiones estériles, por los que permanecen  en éxtasis improductivo o por los que se arrojan  a los abismos  de la sombra,  compañeros todavía ineptos que fueron  traídos a la Tierra no para defender el egoísmo o la animalidad, sino para la espiritualización de todos los seres.

 

El Espiritismo visto como fenómeno somos constantemente enfrentados  por aluviones de fuerzas inteligentes, más no siempre sublimadas, que nos asedian y nos reclaman.

 

Aprendemos que la muerte es una cuestión de secuencia en los servicios de la naturaleza.

 

Reconocemos que la vida hierve alrededor de nuestros pasos, en los más variados grados de evolución.

 

De allí la necesidad imperiosa de la disciplina.

 

Urge establecer recursos para un orden adecuado de las manifestaciones correspondientes al nuevo orden de principios, que están instalándose victorioso en las mentes.

 

Y para cumplir esa importante misión, el Evangelio está llamado a orientar a los aprendices de la ciencia del espíritu para que, por liviandad o imprudencia, no se precipiten a los inconmensurables despeñaderos de la amargura o la desilusión.

 

Por eso Jesús recomendó: “Amaos  los unos a los otros como Yo os ame.”

 

Es por eso que la Doctrina Espirita orientándonos  hacia el Evangelio en su primitiva simplicidad, nos hace comprender, ante la inmensa evolución científica del hombre terrestre, que Cristo es el Sol Moral del mundo, que brilla hoy tanto como brillaba ayer y que mañana brillará con más intensidad.

 

La actualización del Espiritismo es una necesidad inaplazable y un desafío a la inteligencia, a  la cultura y a la sensibilidad de los espíritas. Marchamos hacia ese proceso enarbolando la  bandera de Kardec y sintiendo en nuestras almas la inspiración de ese mundo espiritual  superior que orienta, anima e impulsa todo esfuerzo que contribuya a la  superación de la  humanidad.

 

. La lucha del espirita es incesante. Sus frentes de batallas comienzan  en su propio interior y van hasta extremados limites del mundo exterior. Más el espirita no está solo, pues cuenta con el auxilio constante de los Espíritus del Señor que presiden  la propagación  y el desenvolvimiento del Espiritismo en la Tierra.

 

La mayoría de los espiritas llegaron al Espiritismo a causa del dolor, por el sufrimiento físico o moral, por la angustia de problemas y situaciones insolubles. Más, una vez integrados en la Doctrina, no pueden y no deben continuar  con las preocupaciones personales que motivaron su transformación conceptual. El Espiritismo les abrió  la mente   para una comprensión enteramente nueva  de la realidad. Es necesario que todos los espiritas procuren alimentar cada vez más esa nueva comprensión de la vida y del mundo, a través del estudio y de la meditación. Es necesario también que aprendan a usar la poderosa arma de la oración, tan desmoralizada por el automatismo habitual que las religiones formalistas la relegaron.

 

La oración es  el arma más poderosa de la que el espirita dispone, como enseño Kardec, como proclamó León Denis y como acentuó Miguel Vives. La oración verdadera, brotada del interior, como la fuente límpida brota de las entrañas de la tierra, es de un poder  incalculable para el hombre. El espirita debe servirse constantemente de la oración.  Ella le calmará el corazón inquieto y aclarara los caminos del mundo. La propia ciencia materialista está hoy probando el poder  del pensamiento  y su capacidad de transmisión al infinito. El pensamiento empleado en la oración  lleva a la carga  emotiva de los más puros y profundos sentimientos. El espirita   ya no puede  dudar del poder de la oración, predicado por el Espiritismo. Cuando algunos “maestros” ocultistas o espiritas distraídos llamaron  a la oración de muleta, el espirita convicto debe recordar que Cristo también la usaba y también la enseñó. Bendita muleta es esa, que el propio Maestro de los Maestros manejo al margen del camino, en su luminoso pasaje por la Tierra!

 

El espirita sabe que la muerte no existe, que el dolor no es una venganza  de los dioses  o un castigo de Dios, más si una fuerza de equilibrio y una ley de educación, como explico León Denis. Sabe que la vida terrena es apenas un periodo de pruebas y expiaciones, en e las que el  espíritu inmortal se mejora, con vistas a la verdadera vida, que es la espiritual. Los problemas angustiantes del mundo actual no pueden perturbarlo. El está amparado, no en una fortaleza perecible, más si en la seguridad dinámica de la comprensión,  del apercibimiento constante de la realidad viva que lo rodea  y de la que el mismo es parte integrante. Los cambios incesantes de las cosas, que nos revelan  la inestabilidad del mundo,  ya no pueden asustar al espirita, que conoce la ley de evolución. ¿Cómo puede el inquietarse o angustiarse, ante el mundo actual?

 

El Espiritismo le enseña y demuestra que este mundo en que ahora nos encontramos, lejos de amenazarnos con la muerte y la destrucción, nos anima con la resurrección y nueva vida. El espirita ha de enfrentar  el mundo actual con la confianza que el Espiritismo le da, esa confianza racional en Dios y en sus admirables leyes, que rigen las constelaciones atómicas en el seno de la materia y en las constelaciones astrales  en el seno del infinito. El espirita no teme, porque conoce  el proceso de la vida, en sus múltiples aspectos, y, sabe que el mal es un fenómeno relativo, que caracteriza los mundos superiores, que  lo esperan en la distancia y que los propios materialistas hoy procuran alcanzar con sus cohetes y naves espaciales. No son, por tanto, mundos utópicos, ilusorios, más si realidades concretas del Universo visible.

 

Confiando en Dios, inteligencia suprema  del Universo y causa primera de todas las cosas, -poder supremo e indefinible, al que las religiones dogmaticas dieron la apariencia errónea de la propia criatura humana,- el espirita no tiene que temer, desde que procure seguir los principios sublimes de su Doctrina. Dios es amor, escribió el apóstol Juan. Dios es la fuente del Bien y de la Belleza, como afirmaba Platón.  Dios es aquella necesidad lógica a la que se refería Descartes, que no podemos  quitar del Universo sin que el Universo se deshaga. El espirita  sabe que no tiene apenas creencias, pues posee conocimientos. Y quien conoce no teme, pues solo lo desconocido  nos da miedo.

 

El mundo actual es el campo de batalla del espirita. Más también su oficina, aquella oficina en la que el forja un mundo nuevo. Día a día el debe golpear el yunque del futuro. A cada día que pasa, un poco de trabajo se realiza. El espirita es el constructor de su propio futuro en el mundo. Si el espirita rechaza, si teme, si vacila, puede comprometer  su gran obra. Nada le debe perturbar el trabajo, en la turbulenta más si promisora oficina del mundo actual.

 

Una cosa es necesaria: la luz, luz que ilumine al espíritu, luz espiritual. Esta luz está siendo derramada  por la faz de la Tierra en el transcurso del siglo XX. Mas, como los que no la buscaron  no la encontraran, es necesario que se dispongan todos a procurarla en los manantiales del Racionalismo  Cristiano, donde, en abundancia,  es ella encontrada.

Todos tienen en la vida  las mismas posibilidades y los mismos derechos espirituales, por ser partes integrantes de una sola Naturaleza  Espiritual. Más que en cualquier otra ocasión en los siglos anteriores, está siendo reavivada en las mentes humanas, y con ayuda de la ciencia, la conciencia del poder eterno y de la realidad del ego.

En resumen:

 

El espirita es el consciente constructor de una nueva forma de vida humana en la Tierra y de la vida espiritual en el Espacio; su responsabilidad es proporcional a su conocimiento de la realidad, que la Nueva Revelación le dio; su deber  es el de enfrentar las dificultades  actuales, y transformarlas en nuevas oportunidades de progreso,  no puede ser  olvidado un momento siquiera; Para poder aprovechar todos los avances que el hombre ha conseguido hasta ahora, es preciso que utilicemos los conocimientos hasta ahora conseguidos, para crecer, utilizándolos en nuestro propio beneficio, si no lo hacemos así, el mundo avanzará pero nosotros no podremos avanzar porque seguimos atados a las pasiones que nos mantienen imantados al suelo, donde la materia, nos hizo prisioneros.¡ Espiritas, cumplamos con nuestro deber!

 

Trabajo realizado por Mercedes Cruz Reyes, extraído de libros de la codificación y de otros de León Denis. 

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